A continuación voy a desarrollar un poco el primer post sobre el trabajo, ya que el anterior texto quedó algo vacío de contenido y quizá sea algo tedioso leer el artículo de Bob Black. Iré por partes: primero se plantea el problema ¿por qué trabajamos? Respuesta obvia: porque a cambio de nuestro trabajo obtenemos dinero mediante el cual compramos bienes y recursos básicos para nuestra supervivencia. Bien, plantearé una segunda pregunta: ¿por qué los recursos básicos para la supervivencia, léase comida y techo, no me son garantizados por la sociedad, si por otro lado son un derecho humano fundamental? Aquí la respuesta no es tan obvia... en principio podría decirse que para obtener esos bienes es necesario un esfuerzo logístico y material, lo que implica que alguien trabaje para obtenerlos, lo cual exige algún tipo de remuneración a su labor.
Asumamos pues que para mantener la disponibilidad de estos recursos es necesario el trabajo, de hecho, si no queremos regresar a las cavernas ciertas tareas son imprescindibles (medicina, construcción, agricultura...). Hemos llegado a la conclusión de que el trabajo, al menos cierto tipo de trabajo, es imprescindible para una vida desarrollada. Prosigamos. El trabajo cumple pues un rol de necesidad para la supervivencia de la sociedad, por lo tanto es obligación de la sociedad el protegerlo y mantenerlo. En éste contexto el trabajo es una necesidad y un bien. Pero en nuestra sociedad, la mayor parte del trabajo está privatizado, es decir, los medios para realizarlo (tecnología, materiales, etc.) están en manos de individuos y grupos desvinculados del beneficio colectivo, que buscan únicamente el lucro personal, a través del monopolio de un recurso fundamental para la sociedad. Los empresarios y corporaciones toman como rehén a toda la civilización al quitarle sus bienes necesarios y luego se los venden o alquilan al precio que desean. Para maximizar sus beneficios desvirtuan el trabajo y lo convierten en una esclavitud del salario, donde los trabajadores cobran sueldos insuficientes y aceptan horarios, contratos y convenios que les privan de su dignidad y libertad personal. En los casos más extremos (el tercer mundo), se llega a la esclavitud más literal. Una civilización sana y avanzada no permitiría estos monopolios, que además son la base de la existencia de las clases sociales, pues los que controlan los recursos imponen su voluntad a las Masas (aunque sea a través de simulacros democráticos).
El trabajo, para ser compatible con la felicidad humana y la prosperidad de la sociedad (y no sólo con la de una élite adinerada), debe buscar como objetivos el satisfacer el interés colectivo (la sociedad, los beneficiarios de dicho trabajo), al tiempo que respetar escrupulosamente los derechos individuales de aquellos que lo hacen posible (los trabajadores, que son también parte de la misma sociedad); sociedad y trabajadores, no empresarios ni corporaciones.
Llegados a este punto creo que queda claro lo que quiero decir. Se trata no de abolir literalmente el trabajo como actividad, sino de suprimirlo como instrumento de lucro egoísta para una élite. SI al trabajo para la realización personal y social, NO al trabajo para la explotación y el enriquecimiento individual.
Los caminos que podrían llevarnos hacia un trabajo justo son el abandono de la filosofía consumista (comprar más de lo que necesitamos, lo que nos hace esclavos de las empresas), el fomento de las cooperativas y otras formas de organización colectiva (que democratizan los recursos) o el activismo social contra los abusos de poder (huelgas generales, manifestaciones... es imposible cambiar el mundo si ni siquiera se expresa la voluntad de hacerlo). Para los que sigan escépticos, que lean un poco sobre la Industrialización del siglo XIX y descubrirán la cantidad de cambios beneficiosos en materia de trabajo y sociedad que consiguieron los movimientos de aquella época. Si ellos puedieron mejorar su mundo, nosotros podemos mejorar el nuestro, no seamos tan arrogantes y estrechos de miras como para pensar que éste es el mejor de los mundos posibes.