En España las mujeres no follan. No, no follan, lo que hacen es cerrar contratos y la pluma que los rubrica es la punta de nuestros penes. Como comerciales de una despiadada empresa de un lobby neoconservador las mujeres despliegan sus mejores tácticas de atracción y persuasión, hasta que finalmente firmamos ese contrato de cesión de derechos de usufructo de nuestro cuerpo y alma pasando ellas a ser las titulares legales de nuestro ego (o lo que quede de él).
Nos han contado mil milongas sobre liberación femenina, flamantes activistas quemando sujetadores, bolleras haciendo gala de su bollerismo ante esas Masas falocéntricas y represoras (¡y fachas joder, que los hombres somos todos unos fachas de mierda!), películas y series donde todo quisque chinga que da gusto tras dos líneas de diálogo borderliner, etc. Qué bonito, sería más bonito todavía si fuese verdad. El zeitgeist de nuestra sociedad, made in USA, presenta a la mujer con liberada de antiguos tabúes conservadores, dinámica y desinhibida. Tal vez en algún lugar y caso concreto esto es cierto pero la gran masa de mujeres españolas no lo ven tan claro. Porque luego un buen mozo sale por ahí a ligar desplegando lo mejor de su cuerpo y simpatía y todo va estupendo hasta que se trata de aparcar el cadillac. Porque el parking es de pago y la moneda es tu libertad. Hasta ese momento han sido superdinámicas y superliberales ellas, pero a la hora de ir al meollo del asunto resulta que no, que te doy mi teléfono y me llamas y quedamos y nos conocemos, que no que me voy a casa que se me hace tarde, que yo no echo polvos de una noche, que eres muy lanzado o muy golfo o muy cerdo, que yo no follo sin un notario delante y sin mi madre como testigo, etc.
Ese concepto tan sencillo y lúdico que es el alegre polvo de una noche, que tan sano es y que tanta satisfacción y divertimento aporta a sus participantes, parece que no encaja en el paradigma de las españolas, quizá resulta que al final si rascas esa brillante capa de liberalismo y modernidad te encuentras la misma mugre retrocatólica de toda la vida, esa concepción culpable del amor físico que sólo lo legitima si es bajo las estrictas condiciones de una relación formal, romántica y eterna, de esas que terminan en hipoteca, hijos y tu suegra como organismo parasitario en tu casa.
Follar es cosa divina y en nada está reñido con la simpatía y el respeto hacia la pareja carnal. De algunos polvos de una noche salen fantásticas amistades o polvos de varias noches o a veces incluso amores verdaderos. De donde nunca salen amores es de contratos, de tabúes sociales y de convencionalismos anticuados.



